
Puede que solo fuera una leyenda, pero se cuenta que cuando profanaron su tumba durante la Revolución Francesa, en 1796, su cuerpo seguía casi incorrupto, así que decidieron quedarse con su espesa cabellera como trofeo y aprovechar su ataúd de plomo para hacer balas. Los restos de su cuerpo, fueron arrojados a una fosa común junto a dos de sus nietas, y fue precisamente...
Diana de Poitiers, la mujer que “casi” encontró la inmortalidad