Mostrando entradas con la etiqueta antartida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta antartida. Mostrar todas las entradas

viernes, 15 de julio de 2016

Zheng He
Zheng He había nacido en 1372 en la pobre y montañosa provincia china de Yunnan, en el momento en que el poder de los mongoles estaba empezando a ser sustituido por el de una nueva dinastía local, los Ming. Con tan sólo diez años fue capturado por los ejércitos Ming, su familia era musulmana y había luchado al lado de los mongoles. Como era costumbre con los prisioneros que eran hombre, lo castraron, un proceso al que muchos no sobrevivían.

Zheng He, convertido en eunuco, fue enviado a la corte en Beijing a servir a un gran príncipe, Zhu Di. El príncipe y Zheng He conspiraron para derrocar al sobrino de Zhu Di, el emperador de China, y se acabaron enfrentado a él. Finalmente, los rebeldes tomaron la capital, Nanjing, y el príncipe fue entronizado como el emperador Yongle el 17 de julio de 1402.

Una vez conseguida la victoria, el nuevo emperador estaba ansioso por demostrar su legitimidad y mostrar las riquezas y poder de su nuevo imperio al mundo. Al mismo tiempo, Yongle pretendía impulsar el comercio marítimo, una actividad que hasta entonces había sido despreciada y que él creía que podía convertirse en una fuente de ingresos muy provechosa para el estado al no recaer sobre los campesinos.

Emperador Yongle
Una de las primeras acciones del Yongle al llegar al poder fue recompensar a Zheng He, que había destacado sobre el resto de sus comandantes durante la revuelta, nombrándolo almirante. Junto al nuevo cargo, Zheng He recibió el encargo de construir una gran flota para navegar y comerciar por los mares de Oriente. Se trataba de una gran misión, pero también peligrosa, tormentas, tifones, monstruos marinos, piratas y sultanes le esperaban. Zheng He contaba con la ayuda de mapas, aunque algunos eran de hacía siglos, que describían la costa, las posiciones de las estrellas y los puntos en los que se podían abastecer de agua potable.

Para cumplir las órdenes del emperador se construyeron unos gigantescos astilleros en la rivera del rio Yangtze, a las afueras de Nanjing, y que hoy aún se conservan. En total, entre 1403 y 1407 más de 1600 naves fueron construidas o remodeladas en esos astilleros.

La Flota del Tesoro
Aparte de los fines comerciales, los motivos que impulsaron a Yongle a emprender semejantes expediciones no están del todo claros y pudieron ser múltiples. Por un lado se baraja la posibilidad que las expediciones hubieran sido un intento de encontrar al anterior emperador, Jianwen. Se había extendido el rumor que Jianwen no había muerto en la caída de Nanjing al no encontrarse su cadáver, por lo que estas expediciones podían haber servido para buscarle. Además, en el caso de que Jianwen estuviera vivo y buscando apoyo extranjero, la flota podía constituir una advertencia para sus posibles aliados.

La búsqueda de animales y plantas exóticas, especialmente con fines medicinales, podía también estar detrás de la creación de la flota, junto con el intento de establecer relaciones diplomáticas o la lucha contra la piratería. Aunque para muchos estudiosos el aspecto más crucial para la creación de la flota fue el propio carácter megalómano del emperador Yongle.


El primer viaje

La primera expedición imperial zarpó en otoño de 1405. En total 317 barcos, con velas rojas y banderas de seda en los mástiles, a bordo de los cuales había más de 28.000 hombres, al mando, Zheng He. Durante más de dos años de travesía visitaron Sumatra y Sri Lanka, y oyeron por primera vez de la existencia de “Mouxia” (Moisés), que ubicaron erróneamente en la ciudad y creyeron formaba parte de la religión hinduista. Tuvieron enfrentamientos con piratas en las proximidades del estrecho de Malaca y sufrieron algún que otro tifón.

La flota de Zheng He era una especie de ciudad flotante. Tenía barcos que llevaban caballos, otros tropas, había, también, barcos de guerra, patrulleras y unos 20 barcos cisterna que transportaban agua.

(Bao suchuan) Eran los buques más grandes de la Flota, con nueve palos. No se sabe exactamente cuántos barcos del tesoro se construyeron ni cuántos iban en cada flota. Durante el reinado de Yongle hubo unos 250 barcos del tesoro y 62 fueron del tamaño más grande, aunque el novelista Lou Maotang sugirió que sólo fueron cuatro. Su tamaño exacto es también objeto de debate ya que no se ha conservado ninguno. Los datos con los que se cuenta son los siguientes: Las descripciones de la época (como el Ming Shi), que hablan de un tamaño de "44 zhang y 4 chi de longitud, 18 zhang de ancho". No se sabe a qué sistema métrico se referían, anteriormente se interpretaba que la longitud era de unos 137-150 metros, actualmente se toma como más probable que se empleara el sistema métrico de Fujian, que arroja un tamaño de 119-124 metros de largo y 49-51 de ancho.El hecho de que en algunas descripciones se utilizaran caracteres complejos en vez de simplificados lleva a pensar que se trataba de barcos excepcionalmente grandes. Se trataría de los mayores barcos jamás construidos en madera.

Otros estudiosos sostienen que estos barcos podrían haber sido aún más grandes, se basan para ello en cálculos a partir de hallazgos y restos arqueológicos. El descubrimiento de un timón enterrado en el barro cerca de los astilleros de Nanjing permitió deducir que la eslora del barco en el que estaba montado podría haber sido de entre 160 y 180 metros. El tamaño de las atarazanas de Nanjing, dos de las cuales eran de 450 metros de largo y unos 64 metros de ancho, podría reforzar esa hipótesis.

Otros expertos, sin embargo, consideran del todo improbable que barcos de esas dimensiones pudieran navegar. Las investigaciones más recientes, y que son aceptadas por la mayoría estudiosos actuales, fijan la eslora de los barcos del tesoro entorno a los 60 metros. Una explicación para las dimensiones, aparentemente ineficientes, de los colosales barcos del tesoro es que el Emperador y sus burócratas sólo los usaban para sus desplazamientos de estado a lo largo del Yangtze. Por ejemplo, cuando acudían a pasar revista a la flota de Zheng He. En las aguas mucho más calmadas del Yantgze los gigantescos Barcos del Tesoro sí que podrían haber sido capaces de navegar.


Tomando las descripciones de la época como ciertas, los barcos tendrían un aspecto impresionante, con nueve mástiles, cuatro cubiertas y camarotes lujosos con balcones. Se da por hecho que eran mayores que cualquier otro barco anterior a ellos y varias veces el tamaño de las carabelas de Colón. Además, estaban mejor equipados, pues contaban con brújulas magnéticas y compartimentos estancos. Incluso algunas descripciones afirman que tenían parcelas de tierra a bordo. Pero pese a toda esta organización la vida no era fácil. Zheng He perdió muchos de ellos por las tormentas y muchos otros se estrellaron contra la costa, las enfermedades también eran comunes abordo y muchos hombres murieron por ellas.
 
El segundo viaje

Tras el retorno de la Flota, Yongle ordenó que se volviera a organizar una expedición, cuyo objetivo principal sería devolver a los embajadores extranjeros a sus lugares de origen. No está claro si Zheng He participó en este segundo viaje o si, por el contrario, permaneció en China, tal vez reparando el templo de Tianfei en Meizhou.

De no haber viajado en la expedición, ésta habría sido comandada por los eunucos Wang Jinghong y Hou Xian. Comenzó a finales de 1407 o comienzos de 1408. Contaba con 68 barcos, menor número que el anterior viaje ya que -entre otros motivos- no se consideró necesario llevar tantos barcos de guerra. Repitió básicamente los mismos pasos que el anterior, visitando Siam, Java, Deli, Ahceh, Cochin y Calicut. Esta expedición estuvo marcada por su carácter político ya que los chinos intervinieron en las disputas entre siameses y khemeres, además de participar en la elección del nuevo rey (zamurin) de Calicut: Mana Vikranam

Templo de Tianfei en Meizhou.
El tercer viaje

Comenzó en 1409 con sólo 48 barcos. Visitaron Vietnam, Temasek (el actual Singapur) y llegaron hasta Malaca, donde reconocieron la autoridad de un rey local para garantizar la estabilidad de la región. Prosiguieron hasta Sri Lanka y llegaron hasta Sumatra, allí erigieron una lápida conmemorativa de Buda, Alá y una deidad hindú, como muestra de respeto a las costumbres locales.

Torre de porcelana en Nankín
Existe una cierta confusión sobre las creencias religiosas de Zheng He, algunos lo describen como un musulmán ortodoxo que ayudó a extender su fe por el sudeste asiático. Se tiene constancia que durante sus expediciones colaboró en el traslado un gran número de musulmanes chinos a Malaca, Palembang y Surabaya (dos ciudades de Indonesia). Sin embargo, Zheng He siempre fue respetuoso con las demás religiones, fundamentalmente budismo y taoísmo, y no dudó en seguir sus rituales cuando lo creyó necesario. Tal vez por esto, algunos estudiosos consideran pudiera practicado alguna forma de sincretismo.

En efecto, aunque Zheng He era musulmán, rezaba y presentaba ofrendas a Tianfei. Los chinos creían que las tormentas eran causadas por dragones gigantes. Quemar incienso como ofrenda a la diosa Tianfei era una manera de calmar a esos dragones. A bordo de su flota, Zheng He consultaba a sus navegantes, pero también a sus astrólogos y sacerdotes taoístas.

Lo que sucedió durante este tercer viaje es objeto de discusión:

Según las fuentes chinas Alakeswara(gobernador de Sumatra) solicitó a Zheng He el pago de un tributo, a lo que éste se negó. Alakeswara envió entonces un ejército de 50.000 soldados a cortar la comunicación de Zheng He -y el ejército de 2.000 soldados que le acompañaba- con la Flota. Zheng He, dándose cuenta de que casi todas las fuerzas cingalesas le cortaban el paso, dio media vuelta y marchó contra la capital. Tras tomar la ciudad y capturar a Alakeswara, Zheng He consiguió marchar sin problemas a la costa. Alakeswara fue llevado a Nankín, donde se le perdonó por su "ignorancia" y se ordenó que "uno de sus sabios seguidores" gobernara en su lugar. Las fuentes chinas no dan más detalles y parecen confundidas sobre la estructura de poder en la isla, hasta el punto de que no queda del todo claro si fue Alakeswara, Vijaya Bahu VI o ambos quienes estuvieron en Nankín.Los cingaleses explican que Zheng He llegó con la intención de deponer al rey Vijaya Bahu VI e instalarse él mismo como soberano de Kotte. Alakeswara estableció una alianza con Zheng He para derrocar al rey y fue este quien viajó a China. Cuando Vihaya Bahu VI volvió a Sri Lanka fue asesinado en secreto por Alakeswara, que se convirtió así soberano de la isla.

Sagrado diente de Buda
Sin embargo ambas fuentes concuerdan en que el sagrado diente de Buda que se conservaba en Sri Lanka fue llevado a China. Las fuentes chinas no explican cómo ni por qué llegó allí. Los cingaleses indican que los chinos deseaban hacerse con la reliquia, pero eso no concuerda con el respeto que habían mostrado los chinos con las religiones de la isla. Es posible que fuera el rey Vijaya Bahu VI quien llevara voluntariamente el diente hasta China para convencer al emperador de que era el legítimo soberano o para impedir que cayera en manos de Alakeswara. En todo caso, cuando el rey volvió a la isla, el diente retornó con él.

Como clara constancia del viaje se conserva la lápida china, erigida finalmente cerca de la ciudad de Galle. En 1412, con el dinero obtenido del comercio, se inició la construcción de la Torre de porcelana en Nankín, de casi 80 metros de alto. Además de la torre en sí, los jardines que la rodeaban contaban con plantas y animales obtenidos gracias a las expediciones de Zheng He. La torre fue destruida durante la rebelión Taiping en 1856.
 
El cuarto viaje

Las tres primeras flotas habían tenido como objetivo la mejora de las relaciones comerciales con el sudeste asiático. A partir de este momento, Yongle ordena la exploración de Arabia y África, lugares que, si bien no eran desconocidos para los chinos, no habían sido nunca explorados de manera sistemática. La cuarta flota partió en enero de 1414, esta vez eran 63 barcos y llegó hasta la India y las Maldivas.

¿Quilin? Girafa
Los soldados de la flota de Zheng He no solían inmiscuirse en las luchas locales, su función era más intimidatoria que de conquista y colonización, tal vez por la falta de tradición imperialista de China. Zheng He normalmente preferiría conseguir sus fines mediante el uso de la diplomacia, aunque tampoco se arrugaba si llegado el momento necesitaba recurrir a la violencia para impresionar a los pueblos extranjeros o hacerles pagar los tributos si estos se negaban.

Zheng He había tenido que utilizar la fuerza en los viajes anteriores y en este cuarto la tuvo que volver a utilizar para defenderse del candidato al trono de la ciudad de Semudera en Sumatra. La cuarta flota regresó en 1414 trayendo de invitado al rey de Bengala que llevó un curioso presente al emperador. Los chinos creyeron que se trataban de un quilin, un animal mitológico que sólo aparecía cuando existía un buen gobierno, aunque en realidad era una jirafa. Muchos en la corte felicitaron a Yongle por este buen augurio.

El quinto viaje

El quinto viaje se inició el 28 de diciembre de 1416. Después de visitar los puertos habituales del sudeste asiático, la flota llegó hasta la península Arábiga donde fueron bien recibidos y después se encaminó al sur, hasta Somalia.
 
El sexto viaje

La exploración y la curiosidad impulsaron un sexto viaje que comenzó la primavera de 1421. Aunque China había mantenido relaciones comerciales con África antes, esta seguía siendo una tierra “nueva”. La flota volvió a visitar Arabia y el este de África. Zheng He tuvo que regresar antes de completar el viaje, puede ser que para asistir a la inauguración de la Ciudad Prohibida.

Rowan Gavin Paton Menzies sostiene que en 1421, más de un centenar de barcos chinos alcanzaron las islas de Cabo Verde, entre África y Sudamérica, y de allí se dividieron en tres expediciones mayores que luego se volvieron a reencontrar en China, tras recorrer miles y miles de millas náuticas y descubrir nuevas tierras hacia los cuatro puntos cardinales.

Rowan Gavin Paton Menzies
La flota expedicionaria I, del almirante Zhou Wen, llegó a las Antillas, y de allí bordeó toda la costa atlántica norteamericana siguiendo hasta el océano Ártico, para retornar a aguas chinas por el norte de Groenlandia, de Islandia y de Asia. Se desplazó entre los icebergs del legendario “Paso del Norte”, que buscaron infructuosamente europeos y norteamericanos durante gran parte del siglo XIX.

El almirante Zhou Man, entretanto, al mando de la expedición II, bordeó Sudamérica desde las Guayanas hasta las islas Malvinas, pasando por Brasil y el río de la Plata. En el extremo sur, Zhou Man dio la vuelta por el estrecho que Magallanes, “descubriría” un siglo después, para remontar enseguida por la corriente de Humboldt, a lo largo de Chile y la costa pacífica sudamericana.
 
Avanzó al norte de Perú, donde hasta hoy son hallados objetos arqueológicos de manufactura o inspiración china, y de allí siguió al sur-oeste a Nueva Zelanda y la costa oriental de Australia, para luego retornar a América. La recorrería esta vez desde California –a la que imaginó como una isla– hasta el Ecuador. Desde allí emprendió el regreso a China, a través del archipiélago filipino.

Finalmente, la expedición III, a cargo de Hong Bao, otro almirante eunuco, como los anteriores y todos los más altos oficiales de la Marina Imperial china de esos años, protegidos del Emperador Yongle, hizo el trayecto de las islas de Cabo Verde hasta la Antártica, descendiendo en vertical, para luego bordear las costas más australes del mundo, cubiertas de nieve, de regreso hacia el Este.

Así, Hong Bao llegó a las islas Kerguelen, al sur de la India, donde hoy funciona una base atómica francesa cercana al círculo polar. Desde allí enfiló sus naves hacia el Norte, rumbo a China, con escala en la costa occidental de Australia, antes de completar la hazaña colectiva que ahora asombra al mundo, tardíamente enterado de esta proeza sin parangón en los anales de los grandes descubrimientos y navegaciones de la humanidad

 Pese a que las sucesivas flotas habían convertido a China en la dominadora de gran parte del Océano Índico, parecía que el fin de estos viajes comerciales se acercaba. Por un lado, la clase dirigente confucionista, partidaria del aislacionismo, empezaba a recuperar la influencia perdida en la corte. Por otro, la construcción naval había empezado a caer en decadencia tras la renovación del Gran Canal en 1411. El canal ofrecía una ruta más rápida y segura para transportar grano que la marítima, la demanda para barcos marinos cayó. A su vez, el imperio empezó a tener problemas internos: hambrunas, epidemias, déficit, inflación,… Y además se vio envuelto en una guerra inacabable en una provincia rebelde al norte de Vietnam.

En 1424 el emperador, y gran valedor de Zheng He, Yongle, falleció y fue sucedido por su primogénito, el emperador Hongxi, que aunque tuvo un reinado de sólo 9 meses, se mostró contrario a continuar los viajes de la flotas. Hongxi fue a su vez sucedido por su hijo, Xuande, que al poco de llegar al poder, el 29 de junio de 1430, y preocupado por la pérdida de influencia en el exterior y la reducción del comercio tributario, ordenó iniciar los preparativos de una nueva expedición.

El séptimo y último viaje

Tumba de Zheng He
Sería el séptimo y último viaje para Zheng He. Debido al parón de 6 años desde el anterior, los preparativos fueron esta vez más largos, pero fue la mayor de todas las expediciones, en total, otra vez, más de 300 barcos. El objetivo era restaurar la tranquilidad en los mares. La flota se dividió en dos grupos, uno de ellos llegó tan al sur como Kenia y Mozambique, el otro, al mando del cual estaba Zheng He, se dirigió hacia el golfo Pérsico. Zhenge He murió antes de llegar al golfo Pérsico y, como los grandes almirantes, Zheng He fue enterrado en el mar. Sin embargo, sus zapatos y una brizna de sus cabellos fueron llevados a Nankín para ser enterrados en una cueva budista. En Nankín (colina de Niushou) se erigió una lápida funeraria musulmana, pero no se ha encontrado en ella ningún resto humano u objeto. La tumba fue restaurada en 1985.

La flota sin su almirante regresó en 1433 con nuevos embajadores y cinco nuevos quilin. Hongxi se mostró satisfecho por la restauración del comercio tributario, pero murió en 1435. El nuevo emperador, Jungtong, llegó al trono con apenas siete años de edad y se convirtió en un títere en mano de los eunucos. En 1449 fue capturado por los mongoles. Los confucionistas, que acusaban a los eunucos de tal desastre, aconsejaron deshacerse de ellos y les prohibieron participar en el comercio ultramarino.

El fin de la flota del Tesoro


Los confucionistas eran mucho más conservadores que los eunucos, veneraban la autoridad y el modo de vida rural, no la innovación y el comercio. Las creencias confucionistas consideraban poco apropiado que una persona viajara al extranjero mientras sus padres aún estaban vivos. Además, creían que poco tenían que ofrecer las naciones “bárbaras” a la mucha más avanzada, y ya próspera, China.

Eventualmente la élite confucionista prohibió la construcción de buques con más de dos palos y la navegación marítima (edicto Hai Jin). Zheng He fue cayendo en el olvido, e incluso llegó a ser visto como una figura negativa por ser contraria a las ideas confucionistas. La información de los dos últimos viajes, los más lejanos, fue destruida por los funcionarios del emperador Ming, probablemente para evitar más “despilfarros” al país.

Juan Sebastián Elcano
Los inmensos juncos chinos lanzados a conquistar los océanos por el Emperador Yongle, y a cargo de Zheng He, su principal consejero, dieron la vuelta completa al mundo 100 años antes que la expedición magallánica, que concluyó su periplo a las órdenes de Juan Sebastián Elcano. Llegaron a la punta sur africana –llamada después cabo de Buena Esperanza–, 66 años antes que los portugueses; descubrieron América 71 años antes que Colón; estuvieron en Australia y Nueva Zelanda tres siglos y medio antes que Cook, y bordearon los dos polos, por lo menos, con cuatro siglos de anticipación a los europeos.

Mucho se ha especulado sobre qué habría sucedido si China hubiera mantenido las expediciones navales, pero la realidad es que finalizaron de forma abrupta, lo que sin duda se convirtió en una oportunidad perdida y facilitó la exploración europea. Además de los problemas que ya habían provocado el primer parón después del sexto viaje. El imperio Ming se encontró con cuestiones más urgentes. Los mongoles volvían a constituir una amenaza al norte, lo que desvió la inversión militar del caro mantenimiento de las flotas del tesoro. La inflación convirtió a los billetes Ming en poco fiables y dejaron de ser aceptados en el extranjero, se exigió el pago mediante bienes materiales, condiciones menos atractivas para los chinos.

600 años despues
Con motivo del 600 aniversario de su primer viaje, se inició una recuperación de la figura de Zheng He, promovida por el gobierno chino, gracias a la apertura de museos, construcción de réplicas de sus barcos del tesoro, series de televisión y libros. La imagen de Zheng He como embajador cultural de buena voluntad, marino de un país poderoso, pero amante ferviente de la paz, fue utilizada por el Partido Comunista Chino, para demostrar a sus propios ciudadanos que China estaba recuperando su gloria pasada, a la vez que para tranquilizar a los países vecinos demostrándoles que China podía ser fuerte sin convertirse por ello en una amenaza.

Pero incluso en la misma China, el uso de historia pobremente documentada como moderna propaganda causó un cierto rechazo. Algunos estudiosos criticaron la campaña por ser sólo una distorsión, que olvidaba que Zheng He trataba a los extranjeros como bárbaros y a la mayoría de países como estados vasallos. Los críticos con la campaña rebajaban, también, los logros de sus viajes, que, según ellos, sólo sirvieron para recaudar impuestos para un emperador megalómano y derrochador.

El gran almirante Zheng He

Zheng He estuvo al mando de todas las flotas chinas durante casi tres décadas, desde 1405 hasta 1433. Él mismo dirigió la construcción de los enormes barcos que las integraban, en astilleros que hizo erigir en Nanking hace seis siglos. Aún hoy se encuentran en plena producción.

Calificado de “explorador, conquistador, diplomático y promotor del comercio global” por la revista norteamericana “Time”, el eunuco Zheng He fue proclamado por la misma publicación como el número 14 entre las 100 personalidades que más han influido en la historia de la humanidad, por sus viajes, descubrimientos y mapas que agentes secretos llevaron a Italia, primeramente, para luego ser vendidos a los reyes de Portugal, España e Inglaterra. Décadas después, es cierto, pero que habrían permitido enviar a los navegantes europeos siguiendo rutas ya comprobadas.


lunes, 19 de enero de 2015

El Antartic Snow Cruiser

En enero del 1940 un gigante llegó a la Antártida. Se trataba de un vehículo totalmente diferente a cualquier otro construido hasta la fecha. Sus dimensiones eran inmensas: 16.75 metros de largo, 4.5 de altura y 6.10 de ancho. Aunque no se había podido comprobar su comportamiento sobre la nieve o el hielo, su creador estaba convencido de que sería capaz de recorrer miles de kilómetros sobre ellos propulsado por sus 4 ruedas de 3 metros de diámetro. Había llegado el momento de comprobar si el Snow Cruiser pasaría a la historia como una revolucionaria invención, o como uno de los más ingenuos fracasos.

La Segunda Guerra Mundial era ya inminente, en 1939, cuando el Contralmirante Richard E. Byrd ultimaba los planes para su tercera expedición privada a la Antártida. Una expedición alemana llevaba un año explorando la costa antártica dentro del cuadrante africano. Aunque, supuestamente, la expedición tenía fines científicos, los americanos sospechaban que su verdadero objetivo era el establecimiento de una base para posteriormente proclamar la soberanía alemana sobre la zona.

Byrd no era el único americano que preparaba una expedición, había otros dos más, Richard Black y Finn Ronne. Finalmente, el gobierno americano se implicó en el proyecto y decidió financiar una expedición conjunta a la Antártida, Byrd fue colocado al frente de ella. Esta expedición dispondría de muchos más medios económicos y técnicos que las anteriores. Dispondría de dos campos base, trineos tirados por perros, soporte y reconocimiento aéreo, radio, excavadoras y tractores para transportar los suministros.

Thomas C. Poulter
Al poco de iniciarse los preparativos, Thomas C. Poulter, un veterano de la segunda expedición de Byrd, ideó un nuevo concepto de transporte. Se trataba de una unidad de exploración móvil, auto-suficiente y dotada de una gran autonomía, lo que la hacía adecuada para trabajar en el interior del continente helado. Poulter, físico de profesión, se había convertido en una figura reputada cuando en el invierno de 1934 rescató a Byrd, después de recorrer con un tractor 160 kilómetros atravesando una gran ventisca y sufriendo temperaturas de hasta 57 grados bajo cero.

Poulter estaba convencido que el futuro de la exploración polar pasaba por los vehículos terrestres. Si bien, los aviones eran adecuados para cubrir grandes distancias, su uso estaba limitado, especialmente por el tiempo. Anteriormente, Shackleton y Charcot, entre otros, habían probado algunos vehículos a motor, que intentaban reemplazar los perros como fuerza motriz de los trineos, sin embargo, todos los intentos habían sido un fracaso. Aunque los trineos tirados por perros eran demasiado lentos, los vehículos a motor que se habían probado hasta la fecha eran, además de lentos, poco fiables.

Poulter propuso una serie de requerimientos para el que, según él, sería el transporte antártico ideal. Según Poulter, tendría que disponer de una autonomía de entre 6.500 y 9.500 kilómetros y ser capaz de atravesar grietas en el hielo de hasta 4.6 de ancho. Además, debería de poder transportar medios para la observación aérea, un pequeño avión cargado en el techo del vehículo, tal vez. Poder viajar todo el año y de forma ininterrumpida durante las 24 horas del día, moviéndose a no menos de 8km/h, a poder ser, el doble.


Como cruza las grietas el Antartic Snow Cruiser
En caso de tener que detenerse, su consumo debería reducirse al mínimo, sólo la comida de la tripulación, y el gasóleo necesario para la calefacción. En total, debería poder albergar una tripulación de 4 o 6 miembros, con habitáculos para dormir, comer y realizar experimentos científicos. La unidad no debería depender de un campo base, y ser capaz de transportar todas las provisiones para, por lo menos, un año. En caso de emergencia, debería permitir a la tripulación alcanzar la costa, donde abundaban las focas para alimentarse y cualquier barco los podría rescatar. Las ventiscas tampoco deberían suponer ningún tipo de problema, bastaría con detenerse y encarar el vehículo hacia el viento. Por último, el vehículo tenía que estar equipado con equipos de radios para estar en contacto permanente con los Estados Unidos.

Poulter, en aquellos tiempos, ocupaba el cargo de director de la Armour Foundation, una fundación privada que financiaba proyectos científicos. Como director, su opinión tenía un peso importante a la hora de decidir a qué proyectos se aportaba fondos. El diseño de un vehículo capaz de desplazarse sobre la nieve fue uno de los primeros que se consideraron. Cuando en 1939, Byrd recibió el encargo de la misión de exploración antártica, Poulter no tardó en ofrecerse, sin ningún coste para el gobierno, para diseñar un “crucero” para la nieve. Lo único que necesitaba era una tripulación y soporte logístico para llevar la máquina hasta el destino de su misión.

Una vez llegado a un acuerdo con el gobierno, Poulter aprovechó el interés que la exploración antártica había despertado entre los americanos, para reclutar a más de setenta compañías norteamericanas para colaborar con el proyecto.


Muy probablemente, Poulter había empezado a idear su vehículo mucho antes, seguramente, mientras todavía estaba en la Antártida. En discusiones con sus colegas sobre la construcción de un laboratorio móvil, Poulter siempre había defendido el uso de neumáticos, mientras que otros se habían mostrado más partidarios de algún tipo de vehículo oruga.

Poulter basó gran parte del diseño de su Antartic Snow Cruiser en las mediciones que él mismo había realizado en sus anteriores expediciones a la Antártida. Según sus propios datos, Poulter estaba convencido de que la nieve de la Antártida era capaz de soportar presiones de 210kPa, otros colegas, sin embargo, creían que la capacidad de carga era unas 30 veces menor. Poulter también había medido el gradiente de las pendientes y la anchura de las grietas que el vehículo se encontraría en la Antártida, estos datos fueron otro elemento clave en sus cálculos.

Las grietas en el hielo eran una de las mayores dificultades a las exploradores antárticos se enfrentaban ya que les forzaban a dar grandes rodeos para encontrar un paso. La longitud la base del vehículo estuvo determinada por la anchura las grietas que tendría que superar. Según, Poulter, su vehículo sería capaz de pasar por encima de fisuras de hasta 4.5 metros de anchura. Para ello, Poulter propuso una solución que era de las más ocurrentes que incorporaba su vehículo.

Las ruedas estaban situadas bastante cerca del centro del vehículo, lo que permitía que la carrocería sobresaliera unos 5 metros, tanto en la parte delantera como trasera. Para superar una fisura, el Cruiser debía retraer sus ruedas delanteras y reptar propulsado por las traseras. Una vez las delanteras hubieran llegado al otro lado de la grieta, se retraían las traseras y se extendían las delanteras. Entonces, eran las ruedas delanteras las que tiraban del gigante hasta que las traseras volvieran a estar sobre la nieve.


Una vez acabado el diseño del Snow Cruiser, Poulter encargó su fabricación a la Pullman Company, un conocido fabricante de material ferroviario de Chicago. Tal vez, por eso, el vehículo final tenía un cierto aire de tren-cama. El vehículo medía 16.75 metros de largo, 4.5 metros de altura y 6.10 de ancho. El gigante descansaba sobre cuatro ruedas gigantes equipadas con neumáticos. En su interior podían dormir 4 personas, y había un pequeño taller de soldadura, un cuarto obscuro, una cocina y una sala de control. Tanto el cuarto de radio como el de navegación eran suficientemente grandes para albergar a todos los miembros de la tripulación simultáneamente. Aún así, sobraba espacio para guardar todas las provisiones necesarias para un año, dos ruedas de repuesto y dos motores diésel, otros dos eléctricos, y dos bombas hidráulicas. Los depósitos podían almacenar más de 16.000 litros de varios tipos de combustible.

La estructura del “Pingüino”, como también era conocido el Snow Cruiser, era de vigas de acero bajo en carbono, material seleccionado por su resistencia a las bajas temperaturas. La “piel” era de chapa de acero, escogido por ser un material ligero, según los diseñadores. En cualquier caso, el peso total del crucero es desconocido, y según las fuentes oscila entre las 24.5 y las 50 toneladas.

Mecánicamente se trataba de una máquina compleja, pero versátil. Cada rueda giraba propulsada por su propio motor eléctrico situado directamente en el eje. Las ruedas podían retraerse hidráulicamente de manera que el crucero descansara sobre su “panza”, o bajadas para que esta se elevara un metro sobre el suelo. Para soportar el peso se barajó la opción de usar ruedas de 9 metros de diámetro, aunque al comprobar que era imposible fabricarlas a tiempo, se optó por unas de sólo 3 metros y 90cm de anchura, que Goodyear fabricaba para vehículos de exploración en zonas pantanosas.

En sólo 11 semanas, no había tiempo para más, el Snow Cruiser estaba terminado. El coste total había sido de 150.000 dólares. Sin tiempo para realizar grandes ensayos o pruebas, partió hacia Chicago para ser exhibido en público durante un día. Incluso con escolta policial, el trayecto por la calles de Chicago creó numerosos problemas de tráfico. Las calles se llenaron de curiosos que querían ver el Pingüino, unos entusiasmados y otros que sólo se mofaban.

Los problemas mecánicos hicieron imposible completar el primer trayecto con éxito y el Snow Cruiser tuvo que volver a los talleres. Al día siguiente, solucionados los problemas, el crucero pudo llegar al parque de Chicago donde tenía que ser exhibido. Ahora sí, todos los sistemas parecían funcionar bien. Antes de partir hacia Boston, Poulter aprovechó para realizar algunas pruebas sobre el terreno. Según sus propios análisis, la nieve de la Antártida tenía propiedades similares a la arena, así que decidió comprobar el comportamiento del vehículo en unas dunas cercanas a Chicago, sobre ondulaciones y pendientes. Las pruebas fueron todo un éxito y reforzaron la confianza de Poulter.
 
No había vuelta atrás, si algo fallaba no había tiempo para volver a la fábrica y modificarlo. El trayecto a Boston se convirtió en una especie de circo. El Snow Cruiser congregaba multitudes allí por donde pasaba. El gigante viajaba escoltado por la policía y numerosos periodistas. En las carreteras principales, la policía tenía que cortar el tráfico porque el Snow Cruiser ocupaba ambos carriles. Los periódicos informaron de un choque menor en Indiana y de su bautizo de nieve en Fort Wayne. El incidente más serio ocurrió en Ohio, cuando el vehículo cayó al pasar por un puente, que era poco más ancho que él, al arroyo que pasaba por debajo.

El resto del viaje estuvo marcado por una multitud de pequeños problemas mecánicos: la rotura de una rueda, problemas con los circuitos del aceite o el recalentamiento del sistema de frenos, que ardió, bajando una pendiente. Aunque no se produjeron daños graves, sí que se tuvieron que realizar numerosos ajustes, que llevaron su tiempo.

Finalmente, el 13 de noviembre el Snow Cruiser llegó a Boston, había recorrido una media de 240 kilómetros al día. A la mañana siguiente fue embarcado en el North Star, y al día siguiente empezaba su camino hacia la Antártida. El trayecto se aprovechó para realizar algunas reparaciones necesarias, revisar el sistema hidráulico y preparar el vehículo para su travesía antártica. Se instalaron brújulas giroscópicas, pequeños generadores, el equipamiento de la cocina y el de la sala de máquinas, también se equiparon las zonas de descanso y las de día. Las bajas temperaturas y el estado del mar hacían que los trabajaros avanzaran lentamente.

A principios de enero de 1940, el Snow Cruiser llegó a su destino. La maniobra de desembarco fue un tanto difícil, se tuvo que construir una rampa con madera y acero, y el Cruiser casi cae al suelo desde ella. Pero lo peor estaba por llegar, bastó un corto trayecto sobre la nieve para comprobar que algunas de las suposiciones hechas sobre el comportamiento de la nieve no eran exactas. Las ruedas, sin dibujo, giraban sin control y se hundían en la nieve, para sorpresa de Poulter, la nieve no era compacta, sino que estaba bastante blanda y suelta.

Los siguientes intentos por seguir avanzando aún dieron peores resultados. Las ruedas se hundían aún más, 60cm, y el Cruiser quedó bloqueado. La única opción que quedó fue colocar tablones bajo las ruedas. A ratos, la situación mejoraba, si la nieva era más dura, pero al poco el Cruiser volvía a quedar atrapado en la nieve.

Para intentar mejorar la situación, la tripulación instaló cadenas en las ruedas traseras e instaló las dos ruedas de recambio en el eje delantero, se aumentó, así, la superficie de contacto y la tracción. Se intentaron, también, diferentes ajustes eléctricos, pero el ritmo seguía siendo extremadamente lento, se intentaba avanzar, se retrocedía, se volvía a intentar avanzar, hasta que los motores se recalentaban. En uno de los últimos intentos de ese verano, el Cruiser tardó 15 horas en cubrir una distancia de kilómetro y medio. Analizando la nieve que quedaba aplastada tras el paso del vehículo, Poulter comprobó que esta no era capaz de soportar más de 20kPa, mucho menor de la que él había calculado.

El 24 de enero, el North Star estaba listo para partir y Poulter, reacio, tuvo que abandonar su vehículo en la nieve con la convicción que no podría funcionar de manera satisfactoria a no ser que realizaran modificaciones importantes que no se podían hacer en el campo. Poulter dio instrucciones a la tripulación para que volvieran a intentarlo cuando el tiempo y la nieve se volvieran más fríos. Para entonces los periódicos ya habían empezado a perder su entusiasmo por el Snow Cruiser, unos le llamaban “completo fracaso”, otros “dinosaurio sobre ruedas”

Con la llegada del frio la tripulación volvió a intentar poner en movimiento el gigante aunque sin éxito. El último intento fue a principios de primavera y, para sorpresa de todos, sobre la nieve dura el gigante se movía mucho mejor. Esta vez no se hundió tanto como las otras veces. La tripulación lo celebró abriendo una botella de brandy. A la mañana siguiente, se demostró que la celebración había sido un tanto prematura, los circuitos hidráulicos estaban atascados, pero peor fue comprobar que después de limpiarlos el Cruiser volvía a hundirse en la nieve, pero además como no lo había hecho nunca antes, esta vez tan profundamente que parecía imposible que pudiera volverse a mover. Pese a que la temperatura era de 54 grados bajo cero, la nieve era diferente que la del día anterior. Al atasco se sumó una serie de averías en las bombas, los fusibles,…

Era obvio que el Snow Cruiser había dado sus últimos pasos sobre la nieve. La máxima distancia que había cubierto eran 154km, todos marcha atrás, pues la tripulación había descubierto que yendo marcha atrás mejoraba la tracción.

Atascado como estaba, el Snow Cruiser demostró cuáles eran sus verdaderas virtudes, sus cómodos y cálidos habitáculos. El refrigerante del motor se hacía circular por los radiadores de la cabina para calentarla. Se trataba de un sistema de calefacción que funcionaba bastante bien, a la tripulación les bastaban unas mantas ligeras para dormir. Durante el invierno antártico, los científicos aprovecharon el tiempo haciendo algunos experimentos sismológicos, mediciones de rayos cósmicos y tomando muestras del hielo a diferentes profundidades.

Un motor electrico por cada rueda
A principios de 1941, la falta de fondos provocó la cancelación de la misión y con ella el retorno de la expedición a Estados Unidos. El Snow Cruiser quedó solo y abandonado a la espera de que el Congreso destinara los fondos necesarios para las modificaciones necesarias para que recuperara su movilidad. Sin embargo, esos fondos nunca llegaron y no se volvió a saber nada del Pingüino hasta que en 1958, otra expedición volvió a toparse con él. Aunque estaba cubierto por una buena capa de nieve, una caña de bambú marcaba su posición y ayudó a encontrarlo. La expedición pudo medir la cantidad de nieve había caído desde su abandono, al final, el Snow Cruiser había servido de algo útil para la ciencia. El interior se encontraba tal como lo había dejado su tripulación, periódicos, revistas y cigarrillos estaban dispersos por su interior.

Esta fue la última vez que alguien vio el Snow Cruiser, las expediciones posteriores no encontraron ni rastro de él. Se especuló sobre la posibilidad de que la Unión Soviética lo hubiera rescatado y se lo hubiera llevado, hubiera tenido su mérito, porque los soviéticos se habrían encontrado con las mimas dificultades para moverlo.

base americana de Little America
Sin embargo, parece ser que lo más probable es que se encuentre en el fondo del océano o enterrado bajo una buena capa de hielo y nieve. Las plataformas de hielo antártico se encuentran en constante movimiento hacia el mar. A mediados de la década de 1960, una parte bastante considerable de la Barrera de Hielo de Ross, en la que se encontraba el Snow Cruiser se desprendió y quedó a la deriva. La rotura ocurrió muy cerca de la base americana de Little America, pero se desconoce en qué lado estaba el Snow Cruiser.

¿Qué es lo que falló en el Snow Cruiser para fracasar de manera tan estrepitosa?


Sin duda, se trataba de un diseño demasiado ambicioso para su tiempo. Los intentos anteriores con vehículos de ruedas sobre la nieve habían tenido poco éxito, y eso que se trataba de vehículos mucho más pequeños. Las ruedas funcionaban bien sobre el hielo, pero no sobre la nieve, sin embargo, no se tenía una idea clara de el porqué. Poulter había visto como los vehículos oruga se desenvolvían bien sobre la nieve, y creía que unas ruedas adecuadas, y lo suficientemente grandes, podrían distribuir el peso y minimizar la presión sobre la nieve de manera similar a como lo hacían las cadenas.

En la década de los 20 y 30, se habían producido avances significativos en el diseño de vehículos con ruedas capaces de moverse por las arenas del desierto. Se sabía que las ruedas grandes eran más eficientes que las pequeñas, y que a menores presiones los neumáticos trabajaban mejor. Aunque Poulter, tal vez, no conociera estos datos, sus propios resultados de unas pruebas en unas dunas de arena en Indiana le proporcionaron una falsa sensación de seguridad y confianza. El propio Poulter cuando comprobó en la Antártida que el vehículo se hundía, se preguntó si la nieve era más blanda de lo que él había medido 10 años antes.

Estudios posteriores concluyeron que para el tipo los neumáticos disponibles en su época, el Snow Cruiser era demasiado pesado. Incluso con ruedas dobles, la carga por neumático resultaba excesiva sobre la nieve. Tal vez, si en vez de construir un Cruiser inspirado en un vagón de pasajeros, se hubiera construido usando técnicas propias del diseño de aviones, el Snow Cruiser hubiera llegado más lejos.

No es de extrañar que tras su rotundo fracaso, las ideas del Cruiser no fueran aplicadas en el diseño de otros vehículos para la nieve posteriores. Durante años los vehículos más eficientes siguieron siendo los de tipo oruga, siendo los vehículos con ruedas muy poco usados y sólo para desplazamientos cortos, sin alejarse demasiado de las bases.

Como era de esperar, el fracaso del Snow Cruiser supuso una gran decepción personal, una experiencia traumática, para Poulter. Aunque Poulter era una persona fuerte, de las que no les gusta atomentarse con los errores del pasado, y acabó superándolo. Tal vez, por eso, su carrera profesional no se resintió, y en 1948 se incorporó a un prestigioso centro de investigación en California, en el que trabajaría hasta su muerte en 1978.