viernes, 16 de enero de 2015

El archipiélago de Svalbard es la tierra habitada más septentrional de Europa. Se encuentra al norte (muy al norte) de Noruega, país al que pertenece políticamente, entre los 74 y 81 grados de latitud, muy por encima del Círculo Polar Ártico. Con un clima muy frío pero sin llegar a los niveles homicidas típicos en semejantes latitudes (la media en enero es de entre 13 y 20 bajo cero, lo que hay en el congelador de cualquier casa, vamos) está habitada desde hace miles de años. En la actualidad 2.500 personas se reparten los 65.000 kilómetros cuadrados de extensión de las islas; cuatro quintas partes de ellas viven en la capital de la región, Longyearbyen, que no es precisamente Londres. Sólo existen, de hecho, otros dos lugares habitados en todo el archipiélago. Mayoritariamente son un lugar desolado, congelado y un tanto aburrido. Al norte de la principal isla del Archipiélago, Sptisbergen, y a menos de mil kilómetros del Polo Norte, se encuentra el pueblo fantasma de Pyramiden, un pueblo soviético (sí, soviético) cuya génesis se hunde en las raíces de la Historia de Svalbard.

Svalbard fue, durante los siglos XVII y XVIII, tierra de nadie; se utilizó por tripulaciones de unos cuantos países como base para cazar ballenas, aunque posteriormente fue prácticamente abandonada. A principios del siglo XX el descubrimiento de minas de carbón y los conflictos asociados a ello por los derechos de explotación hicieron conveniente la formación de un gobierno. Tras la I Guerra Mundial y como parte de las negociaciones mantenidas en Versalles, se firmó el  Tratado de Spitsbergen, que garantizaba la soberanía completa de Noruega sobre el archipiélago con ciertas limitaciones en materias como los impuestos o la defensa. Las claúsulas del tratado especificaban que todos los países firmantes tenían idéntico derecho a establecerse allí para realizar actividades de minería, pesca o caza, sujetos, eso sí, a la legislación noruega al respecto.

La montaña piramide por la que recibe el nombre el pueblo
Entre los firmantes del tratado se encuentran Japón, Australia, Argentina, España o Afganistán, que nunca han pintado nada allí. Uno de los firmantes originales del tratado era Suecia, que mantenía un poblado dedicado a la minería del carbón, Pyramiden. Lo habían fundado en 1910, y se lo vendieron a la Unión Soviética en 1927. La URSS trasladó allí a unos cuantos cientos de habitantes contratados por la empresa estatal Arktikugol, que hizo uso de los derechos adquiridos por la URSS en el tratado. La misma empresa adquirió otros dos asentamientos en el archipiélago, Grumant y Barentsburg; este último es el único que sigue en funcionamiento.

El pueblo está lejos de casi todo. En Svalbard casi no hay carreteras y la única manera de moverse es en barco o en motonieve. El pueblo más cercano al lugar es la capital, Logyearbyen, a unos cincuenta kilómetros de distancia. Pese al aislamiento, Pyramiden llegó a tener mil habitantes y a ser casi completamente autosuficiente. Con huertos y establos para el ganado, producían suficiente carne, verdura, leche y huevos como para mantenerse, y el frío no era un problema, puesto que el el abundante carbón permitía calentar a todo el pueblo. El asentamiento era un destino muy popular entre los trabajadores soviéticos; los contratos de dos años permitían pasar un tiempo en un lugar en el que a partir de 1958 la comida era gratuíta y existía el tiempo libre y muchas maneras de usarlo. El pueblo contaba con cine, piscina, invernadero, guardería, una sala de conciertos y auditorio, una biblioteca con más de cincuenta mil ejemplares… más del 90% de la población estaba implicada en alguna de estas actividades.

Pero llegó 1989 y cayó el Muro, y en 1991 la URSS se fue al garete. La Arktikugol sobrevivía y sobrevive gracias a las generosas subvenciones del Estado Ruso, y en los 90 el asentamiento era completamente irrentable debido a que el carbón se había convertido en muy caro de extraer. Un día de 1998 los habitantes de Pyramiden recibieron la noticia de que tenían que evacuar el pueblo a la voz de ya, y les fueron dadas 24 horas para empaquetar sus pertenencias, hacer el petate y salir de allí. Los ruskis no se andan con contemplaciones cuando de evacuar ciudades se trata. Pyramiden quedó casi completamente vacía, con sólo unas 180 personas dedicadas a empaquetar la maquinaria y los demás objetos de interés que quedaban y que, poco a poco, fueron abandonando el pueblo también, hasta dejarlo completamente vacío.

A día de hoy allí no vive nadie, y todo quedó tal y como lo dejaron sus habitantes cuando fueron expulsados de su edén ártico. Existen circuitos turísiticos que llevan al curioso viajero al lugar para que éste fisgonee entre los edificios de la ciudad fantasma. No existen restricciones para ir allí salvo las geográficas, pero está prohibido entrar en los edificios por el evidente riesgo que implica entrar en un sitio que lleva década y pico abandonado. Como en muchos otros casos, se pueden encontrar objetos personales, casi reliquias, que permiten imaginar la vida que llevaban allí sus habitantes: cuadernos escolares, muebles, y hasta un piano de cola (el más septentrional del mundo) quedaron en el lugar como recuerdos de un tiempo mucho mejor en el que se podía vivir caliente en el Ártico.

 
 
 
 
 
 
 
 

lunes, 12 de enero de 2015

Atlantropa

Vision de la construccion de la presa en Gibraltar
En el período de entreguerras, un arquitecto alemán llamado Herman Sorgel estaba convencido de haber encontrado la solución a la situación crisis en que se encontraba inmersa la vieja Europa: rebajar el nivel del mediterráneo hasta 200 metros mediante la construcción de una inmensa presa en el Estrecho de Gibraltar. Electricidad ilimitada y nuevas tierras ganadas al mar serían, sólo, algunos de los beneficios de su plan.

Atlantropa y sus obras

Sorgel comenzó a trabajar en su ambicioso proyecto en 1927. Su intención era crear un nuevo continente, “Panropa”, que luego pasaría a ser llamado “Atlantropa”. El nuevo continente sería el resultado de la unión de Europa y África. Para ello se tendría que ejecutar un titánico programa de obras de ingeniería. La más importante de las cuales era un gigantesco dique de 35 kilómetros de longitud unos 300 metros de altura y 500 de ancho cerca de Gibraltar, pero no el estrecho precisamente. Sorgel pretendía con el dique interrumpir el flujo de agua del Atlántico hacia el Mediterráneo.

En aquella época se suponía que era de unos 7.350 hectómetros cúbicos diarios (un estudio del año pasado, 2009, de David García de la Universidad de Alicante lo rebaja a unos 4.750). En cualquier caso, se trataba, y se trata, de una aportación vital para supervivencia del Mediterráneo. Sin ella, el aporte de agua que de los ríos y las lluvias resultaría insuficiente para compensar el agua perdida por la evaporación. Consciente de ello, Sorgel esperaba que si se interrumpía el flujo de agua del Atlántico, el nivel de Mediterráneo bajara a un ritmo de metro y medio al año (cálculos más modernos afirman que lo habría hecho a un ritmo de sólo medio metro por año).

Tierras ganadas al mar
En 60 años, se recuperarían al mar unos 600.000 kilómetros cuadrados de tierra, que podrían ser aprovechadas para la agricultura y ser capaces de mantener a unos 150 millones de personas. Italia podría cultivar el Adriático. Cerdeña y Córcega quedarían unidas por tierra, así como las islas del Egeo.

La presa, que aprovecharía este flujo natural de agua, produciría unos 50.000 megavatios de electricidad barata para la industria europea y su construcción crearía más de un millón de puestos de trabajo, solucionando el problema del desempleo. En el plano político, la obra también resultaría beneficiosa. Una obra así, por fuerza, tendría que unir a las diferentes naciones europeas al verse obligadas a colaborar en su construcción y, una vez construida, se convertiría en el mejor antídoto para evitar la tentación de otra guerra –otra de las preocupaciones de Sorgel, pacifista confeso–. En una Europa interdependiente energéticamente, no sería buena idea atacar al vecino.

Sorgel era un defensor de la teoría que la cuenca mediterránea no estaba originalmente cubierta por agua y, por eso, decía conscientemente “recuperar” y no “ganar” tierra al mar. De esta manera, Atlantropa no pretendía alterar la naturaleza, sino devolverla, aunque sólo fuera en parte, a su estado original. En realidad, Atlantropa no fue el primer proyecto que intentó de cambiar y dominar la geografía gracias a la tecnología. Antes que Sorgel, del 1923 al 1932, los ingenieros holandeses habían conseguido ganar miles de hectáreas al mar con la construcción del dique del Mar del Norte. Fue una obra magnífica que fascinó a los europeos de la época y que, al parecer, sirvió de fuente de inspiración para Sorgel.

Sorgel estaba convencido de que el proyecto no sólo no sería perjudicial para el clima, sino que sería beneficioso. Sin embargo, es más que probable que hubiera modificado el clima y el régimen de lluvias de la región. A menos lluvia, el caudal de los ríos se reduciría y la salinidad de lo que quedaba del Mediterráneo se incrementaría, haciendo desaparecer parte de su flora y fauna.

Construccion de grandes diques
Para evitar que el nivel de Mediterráneo bajara demasiado y se destruyeran las vías de navegación. Sorgel pretendía construir otro gran dique entre Túnez y Sicilia que dividiría el Mediterráneo en dos partes. En la más occidental, se dejaría bajar el nivel del mar hasta los 100 metros, mientras que en la otra se rebajaría aún más, hasta los 200.

No sería buena idea construir ningún dique en el Estrecho de Dardanelos que bloqueara el Mar Negro, porque inundaría zonas habitadas, pero sí un embalse con otra central hidroeléctrica. También sería necesario construir otros diques más pequeños y esclusas en otras vías de aporte de agua al Mediterráneo. Igualmente, se tendría que construir esclusas en todos los diques del proyecto para permitir el paso de los barcos así como en la entrada del Canal de Suez. Un túnel en el Estrecho de Gibraltar y una autopista sobre el dique de Sicilia harían posible la circulación directa de trenes y coches entre África y Europa. Podría existir un tren directo de Berlín a Ciudad del Cabo.

Sorgel no tenía duda de que Europa tenía que ser auto-suficiente si pretendía seguir siendo competitiva frente a América y Asia, y para ello, según su visión, tenía que poseer territorios en todas las zonas climáticas del planeta, como era el caso de América. Además, creía que una de las causas de la conflictividad social y política europeas era la sobrepoblación. De ahí, la necesidad de colonizar África.

La preocupación por Europa y los europeos contrastaba con el escaso interés por África y los africanos. Es por ello que algunos acusan a Sorgel de despreciar a ese continente y considerarlo meramente como un territorio carente de cultura e historia. Otros, sin embargo, prefieren excusar esa visión al considerar que Sorgel era sólo un hijo de su tiempo y compartía la mentalidad de esa época, que fue la que propició el colonialismo.

Africa tras el proyecto Atlantropa
Precisamente, los planes de Sorgel para África pasaban por su colonización, aunque antes había que “mejorarla”. Para ello –no podía ser de otra manera–, proponía construir otra presa para aprovechar las crecidas del río Congo que inundaría los “improductivos” bosques que ocupaban la mayor parte de ese país, borrando del mapa un número incontable de pueblos y especies. De esta manera, se crearía un inmenso lago artificial que estaría conectado con el menguante lago Chad, más al norte, que pasaría a convertirse en un “mar” interior, y desde el que nacería un “segundo” Nilo, que al igual que el “primero” irrigaría el desierto y acabaría desembocando en el Mediterráneo.

El nuevo continente necesitaría una nueva capital. Algunos querían que fuera Basilea, por la tradicional neutralidad suiza; otros, una ciudad totalmente nueva en los terrenos ganados delante de Marsella, que se llamaría Port du Rhone, y había los que proponían situarla en el emplazamiento de la antigua Cartago.

De construirse, Port du Rhone no sería la única ciudad nueva. Con el retroceso del Mediterráneo todos los puertos quedarían inutilizados y habría que construir nuevos. Sorgel y sus seguidores habían planificado y diseñado una Nueva Génova, un Nuevo Nápoles, un Nuevo Tánger. Todos ellos situados delante de la antigua ciudad, en los terrenos “recuperados” al Mediterráneo. Pero había mucho más que diseñar: centrales eléctricas, líneas de alta tensión,… Sorgel y sus seguidores trabajaban de manera incansable y produjeron una gran cantidad de material, planos, mapas y varios modelos a escala de varias presas. Incluso, calcularon proyecciones del crecimiento de la producción agrícola.

Torre diseñada por Peter Behrens
Pero pese a todo este trabajo, el proyecto nunca consiguió los apoyos suficientes. En Alemania, fue durante la República Weimar que despertó algo de interés real. En Italia, sin embargo, nunca agradó la idea por lo dependientes que son sus ciudades de la costa. Los proyectos para una Nueva Génova o un Nápoles no consiguieron salvar esas reticencias. Como tampoco lo hizo imaginativa solución propuesta para Venecia: construir un dique –otro más– para evitar que su laguna se secara. Con todo, la vieja Venecia habría quedado a más de 500km del “nuevo” Adriático, al que seguiría conectada, eso sí, por un kilométrico canal.

Atlantropa, sí que consiguió, en cambio, el apoyo de numerosos intelectuales, arquitectos y escritores. Algunos de los cuales colaboraron con el proyecto. Peter Behrens, diseñó una torre de 400 metros que coronaría la gran presa de Gibraltar. También ofreció sus servicios Erich Mendelsohn, un arquitecto alemán de familia judía que estaba especialmente interesado en el diseño de la nueva costa de Palestina y las posibilidades que ofrecía para la fundación de un nuevo estado judío.

Herman Sorgel
Después del ascenso de Hitler al poder, Sorgel buscó su apoyo para el proyecto. Fue en vano, el plan no encajaba con los planes del Imperio Alemán Euroasiático y los nazis prefirieron ridiculizarlo. Durante la guerra, Atlantropa prácticamente cayó en el olvido, aunque después de ella la idea volvió a resurgir aprovechando el interés de los Aliados por crear lazos más estrechos con África para combatir el comunismo.

Finalmente, el golpe definitivo para el sueño –o pesadilla– de Sorgel llegó con la aparición de la energía nuclear y el final del colonialismo. La primera convertía el proyecto el tecnológicamente innecesario, y lo segundo lo hacía políticamente inviable. A pesar de ello, el Instituto Atlantropa siguió existiendo hasta el 1960. Había sobrevivido en ocho años a su creador que murió el día de Navidad de 1952, atropellado mientras iba en bicicleta. El accidente sucedió en una carretera recta, jamás se encontró al conductor del coche. 

¿Qué hubiera pasado, si una vez construida, la presa se hubiera roto?

Aparte de los muchos otros problemas, este era uno de los mayores peligros de Atlantropa. Un tsunami o un terremoto podrían resultar fatales. Afortunadamente, nunca ha ocurrido una rotura de una presa de esas dimensiones, pero los expertos afirman que sus efectos serían muy similares a los que produciría un tsunami. La rotura de la presa produciría una ola gigante que se propagaría a una velocidad de unos 150 km/h. Sería una catástrofe de dimensiones nunca vistas. La nueva línea costera se llevaría la peor parte, pero todos los océanos del mundo se verían afectados. Según los cálculos de algunos expertos, la bajada previa del nivel de las aguas del Mediterráneo habría provocado una subida progresiva del nivel de los océanos del mundo de 33 centímetros. La vuelta a la normalidad, que supondría la rotura de la presa, provocaría que volvieran a bajar.


jueves, 8 de enero de 2015

Como ya sabes, la mayoría de los cuentos populares que los hermanos Grimm nos trajeron en su momento, disponen de múltiples y antiguos orígenes. Y no, no todos disponen de un final feliz, ni sus protagonistas acaban en un altar comiendo perdices; aunque ésa es una imagen que a la factoría Disney siempre le ha encantado mostrarnos para tranquilidad de grandes y pequeños.

La Cenicienta
La historia de la Cenicienta es sin duda uno de los relatos más clásicos de la Antigüedad. Dispone de una larga tradición oral y escrita que lo entrelazan desde la cultura Egipcia hasta la cultura Griega. Los elementos que casi siempre parecen repetirse son precisamente esos acompañantes sobrenaturales que ayudan a la protagonista, como las palomas, animales que en Grecia siempre se asociaban con la diosa Afrodita.


Curiosos orígenes greco-egipcios

Es precisamente en la tradición Greco-Egipcia donde encontramos a la primera “Cenicienta”, pero ésta vez de nombre Ródope, una muchacha griega de cabellos claros y piel muy blanca que es raptada por unos piratas para ser vendida en Egipto como esclava. Como no puede ser de otro modo, Rórope entra a trabajar en una casa donde es despreciada por siervas libres, chicas que la humillan por ser diferente, de otra raza.

Un día, mientras Rórope trabajaba en sus arduas tareas como esclava, entra un Halcón y le roba una de sus sandalias. Era el dios Horus Egipcio, quien huye audaz para ir hasta el faraón de Egipto y dejarle caer esa intrigante sandalia. ¿Por qué lo había hecho? El Faraón Amosis I, supo interpretarlo de inmediato: era una señal de los dioses. Debía buscar a la dueña de esa sandalia para hacerla su esposa.
 
La versión china de la Cenicienta

Existe pues un interesante relato que tiene su origen a lo largo de los siglos VIII y X de la dinastía china Táng, que nos presenta a una joven, a una muchacha de nombre Yeh Shen. Es -cómo no- muy bonita, y dispone de unos pequeñísimos pies que la diferencian del resto de jóvenes. Recordemos que es en esta época cuando empieza precisamente a ponerse de moda lo que ellos llaman “pies de loto”, donde, un pie no debía mediar más de diez centímetros para poder considerarse hermoso.

Toda una “tortura china” desde luego, algo que obligó a muchas niñas a tener que ajustar sus zapatos para impedir así el correcto crecimiento del pie. Pues bien, en el relato asiático de la Cenicienta, Yeh Shen es la hijastra de una mujer malvada que la humilla y que la hace trabajar para el resto de sus hijas. Es la criada de casa y el centro de todas las desdichas.

Y obviamente, un buen día se celebra un baile en la región. Un acontecimiento que le es vetado a la joven Yeh Shen, siendo encerrada bajo llave porque su madrastra y hermanastras la consideran demasiado bella para asistir. Una rival peligrosa. El único amigo del que disponía la protagonista era un bonito pez de colores, pero su madrastra, cruel hasta el extremo, temiendo que el animal pudiera ayudarla de alguna forma, lo cocina y se lo come.

Una tragedia. Pero la chica guarda las espinas sabiendo que son mágicas, e invoca a los espíritus para que la ayuden. Y así lo hacen… Yeh Shen acude al baile con un precioso vestido y unos bellos -y diminutos zapatos-perdiendo uno en su escapada antes de que la magia terminara, tal y como nos cuenta el relato que todos conocemos.

Obviamente el emperador se enamora de ella, quedándose con ese zapato perdido y proclamando el edicto de que, la muchacha que entrara en dicho zapato habría de ser su esposa. Ante esta irresistible proposición, lo que hace la madrastra es cortar los dedos de los pies de una de su hijas para que lograra pasar la prueba. Al ver que no funciona, le corta los talones a otra de sus hijas. Pero el engaño -y la tortura- es descubierta y la malvada mujer es arrojada a un pozo. Y sus hijas… apedreadas hasta la muerte.

Finalmente, nuestra Yeh Shen, la de los “pies de loto” aparece junto al emperador calzándose a la perfección el zapato perdido.  Un final feliz al gusto de todas las culturas. Una versión muy-muy semejante a la que todos conocemos, sin duda.


María Sophia
Blancanieves

Pero cabe decir que muchas de esas historias se arraigan en hechos reales. En historias de carne y hueso que han sido deformadas y adornadas para ofrecer siempre un final feliz a esos niños que desean irse a la cama, con un bocado de fantasía y un final feliz. ¿Sabías por ejemplo que el famoso cuento de Blancanieves está inspirado en una persona real? El historiador de Lohr, el Dr. Karlheinz Bartels, ha indagado en ella para traernos a la verdadera muchacha, que nunca fue especialmente feliz debido al desprecio de su madastra.

Pongámonos en contexto. Año 1729. La pequeña María Sophia nace en el castillo de Lohr, Alemania. Su padre era  Philipp Christoph von Erthal, condestable del territorio y gran diplomático que se relacionaba con toda la nobleza de Europa cumpliendo las funciones de ministro de exteriores. Una vida muy activa que se paralizó de pronto cuando falleció su esposa.

Dos años después, volvió a encontrar la felicidad con una nueva esposa: la bella Claudia Elisabeth Maria von Venningen, Condesa Imperial de Reichenstein. Como curiosidad te diremos que hoy en día puede visitarse el castillo de Lohr, y que en una de las habitaciones se halla un espejo que, según se cree, regaló el padre de María a su segunda esposa. Mide 1,60 y es una pieza bellísima que fue fabricada en el mismo pueblo de Lohr, ya que allí disponían de una distinguida industria manufacturera de cristal muy reconocida en Europa.

Existen muchos archivos y documentos de la época donde se habla de María, una joven muy querida en Lohr por ser muy caritativa con los pobres y las personas necesitadas. Se la describe como una especie de hada, como una persona muy noble y de gran amabilidad personal. Para el “imaginario colectivo”, era la imagen ideal de la hija de un Rey (pero recordemos que no lo era, su padre cumplía solo las funciones de ministro del país).

Como curiosidad a tener en cuenta cabe decir que si el pueblo la apreciaba en especial era porque María era parcialmente ciega, secuelas de una varicela que limitaban un poco su visión. Se hablaba también del trato negativo que su madrastra le propinaba, un desprecio del que el pueblo era siempre muy consciente y que a todos entristecía. Fue precisamente por este sentimiento de compasión por parte de las gentes de Lohr, por lo que los hermanos Grinn se sintieron atraídos por la figura de María. Era muy joven, bella y noble de corazón, una chica que era constantemente maltratada y envidiada por su malévola madrastra.

Pero eso sí, el cuento no empezó a escribirse hasta que la joven María fallece. No se sabe todavía cuál fue la razón de su muerte, pero evidentemente queda claro que no hubo príncipe ni final feliz. Su padre casi nunca estaba en el castillo y la joven pasaba largas temporadas en compañía de esa mujer que siempre favoreció a sus propios hijos antes que a ella. La rechazó por ser bella, por ser caritativa y por poseer ese defecto físico en su visión. Se sabe que el ataúd en el que fue enterrada era especialmente distinguido -no era totalmente de cristal como el del cuento- pero sí poseía algunas piezas talladas por esa industria manufacturera de cristal de la región, que quiso hacerle un homenaje a la joven.

¿Y qué hay de los siete enanitos?

Se dice que los autores debieron basarse en los niños que trabajaban en las minas de la región. Niños que envejecían prematuramente por la búsqueda de minerales y del trabajo continuo que los hacían parecer auténticos viejecillos de pequeña estatura.

Como puedes ver la verdadera esencia de “Blancanieves” tiene un perfume verdaderamente triste. Pero como contadores de cuentos para niños, los hermanos Grimm se encargaron de dar vida y color a la tristeza para endulzarnos con amores verdaderos y finales felices.
 
La Bella y la Bestia

Es un relato de fuertes connotaciones folklóricas, se extendió a lo largo de Europa manteniendo una idea esencial pero variando en gran parte de sus aspectos secundarios. El eje básico de que las apariencias engañan, y de que una persona notable puede esconderse bajo una imagen bestial, es el único aspecto que se mantiene como pilar central.

La primera versión que encontramos pertenece a Giovanni Francesco Straparola. Bajo el título “Le piacevoli notti” (Las noches agradables) apareció en 1550 la historia de una joven que conoce a un ser deforme y extraño bajo el cual, se esconde un buen hombre.

Más de un siglo después, en 1697, sería el conocido y ya inmortal Charles Perrault, quien trajo de nuevo este relato para incluirlo en su colección “Cuentos de mamá ganso”. Pero fue otra persona la que finalmente, asentaría las bases del cuento tradicional que llegaría hasta nosotros ya sin ninguna variación más. Fue una aristócrata francesa llamada Jeanne-Marie Le Prince de Beaumont, quien en 1756, estando en Inglaterra decidió recoger relatos clásicos europeos para publicar una especie de antología.

Se encontró entonces con el cuento de la Bella y la Bestia. Lo redujo a sus elementos más básicos y lo adornó de un trasfondo emocional donde no faltara un final feliz. La bestia era una auténtica bestia mitad humana-mitad animal, y no un hombre deforme o lleno de harapos.
 
La verdadera historia de la Bella y la Bestia

Su origen se nutre de un relato puramente moralista de la Europa Medieval. Aquí no hay príncipes, ni caballeros cultos y galanes con los que bailar en una gran sala iluminada por candelabros. En absoluto. En esta historia hay hambre, muerte y piedad.

La historia empieza con tres hermanas, ahí donde dos de ellas, son realmente malvadas, como no podía ser de otro modo. La tercera es utilizada para hacer las más penosas tareas, desde limpiar la casa, hasta prostituirse para que las hermanas obtengan rentabilidad por mantenerla en el hogar.

Cada noche es atada en una lóbrega habitación donde observa la vida exterior. Esa vida que jamás podrá tener porque a ella, se le ha vetado la libertad. Un día, asoma por esa ventana un leproso. Lleno de enfermedad y miseria le clama a esta muchacha algo de piedad, tiene mucha hambre y solo desea un simple mendrugo de pan.

Nuestra protagonista le invita a entrar, dejando que coja aquello que desee a cambio de que simplemente, le quite las cadenas que lleva al cuello y que sus hermanas le han puesto para que no escape. EL leproso accede. Quita las ataduras de la joven y después sacia su hambre.

Cuando las hermanas vuelven y ven sus alacenas vacías de comida, culpan a su hermana de haber robado. Puesto que la ven sin sus cadenas no dudan en culparla y en castigarla. Cruelmente, la azotan casi hasta la muerte y la encierran en el sótano cuando ya está agonizando.

Al día siguiente vuelve el leproso, se asoma por la ventana en busca de la muchacha que tan amablemente lo había ayudado. Pero no está. Preocupado, llama a la puerta y las hermanas, lo reciben con desdén y repugnancia al ver su aspecto. El mendigo leproso entra en la casa y se quita sus harapos, mostrándose ante ellas como lo que en realidad es: la propia Muerte.

Les indica a las hermanas malvadas que ha dejado el inframundo porque sabía de la existencia de una mujer enormemente desdichada, maltratada por sus propias hermanas. Y que ha decidido acudir a mundo terrenal para castigarlas, para llenar sus cuerpos de pústulas e inmundicia, de suciedad y enfermedad y ofrecerles la muerte más lenta y dolorosa posible, por hacer daño a tan noble mujer.

Una vez aplicado el castigo, la Muerte baja hasta el sótano para tumbarse junto a la muchacha que lo ayudó, ofreciéndole un descanso plácido y un paso al más allá lo más dulce posible…
 
Caperucita Roja

El cuento de Caperucita Roja es, según los expertos, de los que más variaciones han sufrido a lo largo de la historia. Una leyenda que tiene sus orígenes en la Edad Media y que fue recogida posteriormente por distintos autores para darnos una visión ligeramente distinta de la fuente original.
  1.  Charles Perrault fue el primero en incluir a la Caperucita Roja dentro de sus cuentos populares en 1697. A diferencia de Hansel y Gretel, por ejemplo, la Caperucita no era muy conocida en Europa. Tenía su tradición en un escenario bastante cerrado y limitado como era el norte de los Alpes. Pero la historia tenía bastante interés y valía la pena incluirla y difundirla entre la población. Pero eso sí, Perrault vio necesario hacer unos cambios para que fuera “apta” de cara al público infantil. 
  2. En 1812 los hermanos Grimm decidieron también coger la historia y hacerla suya. Cambiando el final y basándose sobre todo en la obra de Ludwig Tieck llamada “Vida y muerte de la pequeña Caperucita Roja” (Leben und Tod des kleinen Rotkäppchen), tragedia en la que aparece por primera vez la figura del leñador. Los hermanos Grimm se afanaron además en pulir algunos aspectos del cuento, detalles morbosos y eróticos, también los sangrientos, añadiendo claro está, un final feliz donde todos se salvaran a excepción del más malvado de todos: el lobo.
El verdadero cuento de la Caperucita Roja

La protagonista del cuento es una joven. Nada cambia aquí. Una niña a quien ordenan que lleve leche y pan a su abuela. La muchacha acepta con algo de inquietud pero decidida, sabe que no es un trayecto fácil y que debe atravesar un bosque que las gentes del pueblo temen. Es una zona frecuentada por lobos. Pero ella accede, se cubre con un manto rojo muy llamativo y avanza tranquila por ese bosque espeso y solitario hasta llegar a la casa de su abuela.

Todo ha ido bien. Está a salvo. Al entrar, ve a su abuela enrollada en la cama. Parece cansada, tiene la voz algo extraña pero no le da importancia. Le indica que le ha traído leche y pan, a lo cuál, su abuela, se lo agradece y le indica que coma algo… que en la alacena tiene algo de carne.

La joven se prepara la carne y la come con hambre. Minutos después, la abuela le indica que se quite la ropa y se acueste junto a ella, en la cama. Caperucita roja va deprendiéndose de cada pieza de su ropa siguiendo las órdenes de su abuela. Todo lo debe arrojar al fuego: falda, medias, ropa interior…. la caperuza. “¿Por qué?” – pregunta la niña ante esa orden – “Por que ya no te van a hacer falta”, responde la abuela con “voz profunda”,

Cuando la chica, desnuda, entra a la cama, descubre que no es su abuelita quien está allí, sino el lobo. Que entre mofas le revela que lo que acaba de comer hace un momento, no era carne de animal, sino parte de su abuela. Y que ahora él, el lobo, va a devorarla a ella. Y así lo hace.

Los elementos culturales de la Caperucita Roja

La historia original de la Caperucita tenía su origen en dos ejes centrales: los ritos de iniciación y el canibalismo. Nos encontramos con una niña que abandona su casa, su familia y la civilización para adentrarse en el bosque en soledad. Va cubierta por un manto rojo, que viene a simbolizar la menstruación y el despertar sexual. Es, sencillamente, un rito de iniciación.

El lobo encarna a su vez la sexualidad más primitiva, letal y salvaje. Un enemigo más al que nuestra joven debía haber hecho frente, pero que no consigue vencer. Sin querer cae en esa dimensión tan temida y prohibida que es el canibalismo, devorando a esa anciana que representaba lo caduco y lo viejo, lo que debía ser trasmutado. Como podemos ver, las interpretaciones antropológicas beben de esas raíces antiguas de nuestro pasado, de esa zona de los Alpes donde surgió la historia y del simbolismo de los lobos.

Esta historia teje sus oscuridades a partir de las entidades más primitivas del ser humano, algo que aún hoy nos cuesta un poco comprender por lo lejano y por lo terrible. Por eso preferimos difuminar con aspectos más suaves y accesibles esas imágenes de los cuentos clásicos como la Caperucita Roja. Trasformando este cuento de terror psicológico y antropológico, en un cuento que poder contar a nuestros niños para hacerlos dormir tranquilos. Sin enturbiar sus sueños.

lunes, 5 de enero de 2015

la espada de San Galgano

la espada de San Galgano
Al igual que la leyenda del rey Arturo, Galgano es una historia de una "espada en la piedra". Pero, a diferencia del rey Arturo, Excalibur que se retiró para probar que él debe ser el rey, Galgano hundió la espada en la piedra Toscano nativo en la parte superior del monte. Siepi, cerca de Siena, como una señal de que estaba renunciando a los placeres mundanos y la parafernalia de su nobleza. La espada de Galgano permanece allí hasta hoy. Cerca de allí, que parece que estaría más cómodo en una llanura en Inglaterra que en el Val di Merse, se encuentran las ruinas masivas de San Galgano Abbey que creció alrededor de la leyenda de San Galgano. Según muchos expertos de la ruinas de la abadía son la Toscana y de Italia, tal vez el mejor ejemplo de arquitectura gótica.

Algunos medievalistas afirman que la historia de San Galgano es el origen de la leyenda excalibur, la espada del rey Arturo y que sólo en el siglo 13, cuando la espada Galgano ya era bien conocido en toda Europa, se añadido al canon Arturo Inglés la extraccion de la piedra de la famosa espada.

 Que dice la ciencia

Pruebas científicas sobre el metal de las partes expuestas de la espada: a unos cuantos centímetros de hoja y la empuñadura y el pomo que sobresale de la superficie de la piedra. Han demostrado que no se trata de un nuevo fraude religioso piadoso. Resulta que la espada que tanto dudaba es auténtica - o al menos que el metal, con fecha de las pruebas más recientes y precisos moderna, es la edad adecuada para que coincida con el mito.

Galgano Guidotti

Galgano Guidotti había nacido en Italia, en el año 1148. Los primeros años de su vida fueron plácidos y tranquilos, llegada la juventud aprovechó al máximo su atractivo para llevar una existencia algo más libertina, algo despreocupada… hasta que un día, según cuenta la leyenda, recibió la visita del arcángel Miguel.

Galgano Guidotti
Tal vez le recriminó su vida licenciosa, o puede que simplemente, le animara a tomar un nuevo rumbo. Meses después, y para desconcierto de todo el mundo, Galvano empezó a predicar por Siena y otros pueblos italianos, hasta que al final terminó cansándose y decidió que lo mejor era convertirse en eremita, e irse a vivir al monte Siepi, a un gran cueva que se hendía en la misma tierra.

Su familia y amigos no aceptaron su inusual decisión, e intentaron impedírselo. Se cuenta que incluso sus amantes intentaron detenerlo, pero Galgano tenía el firme propósito de alejarse de todo. No dudó en subirse al caballo y apartarse de la nerviosa multitud que quería detenerlo. Hasta que algo ocurrió, su caballo se encabritó con la agitación y cayó al suelo. El golpe fue terrible. Al quedar inconsciente durante unas horas tuvo una extraña visión, el arcángel Miguel se le aparece una vez más y le da un nuevo mensaje:  debe construir una abadía en el monte Siepi.

Al despertar y contar lo que le había sucedido, no recibe más que las burlas e incomprensión. Nadie le cree, piensan que se ha vuelto loco, y solo su madre y sus amantes tienen piedad de él. Galgano entonces se enfurece, está lleno de ira y de desesperación… es entonces cuando realiza su único milagro: clavar profundamente su espada en una piedra formando una cruz con la empuñadura. Corría el año 1180.Su singular proeza fue vista por todo el pueblo, y pronto empezó a escamparse su peculiar milagro. Empezaron a creerle, la prueba era bastante espectacular…
En poco tiempo un flujo de peregrinos llegaron, y una pequeña capilla fue construida en la colina. Galgano recibe con humildad a todos los visitantes, dando consejos y bendiciones. El diablo, descontento con el giro de los acontecimientos, envió un monje (o, en la tradición monástica, a alguien disfrazado de monje) para tentar (o matar) Galgano, pero los lobos, de los que Galgano se había hecho amigo, se comieron el hombre dejando sólo los huesos roídos de los brazos. Todavía en exhibición.

Tras la muerte de Galgano se decide su canonización en el año 1185 y se construye un santuario sobre la espada. Se trata de un edificio circular inusual, con rayas horizontales en ladrillo rojo y piedra blanca, con dos capillas laterales, una para la cabeza de Galgano (ahora en una iglesia en Chiusdino), a la que le siguió creciendo rizos rubios después de su muerte, y la otra para los huesos del brazo que dejaron los lobos. Ambrogio Lorenzetti más tarde pintó frescos en las capillas, pero en su mayoría ya se han perdido. Tambien se construyo un hostal de tres pisos al lado del santuario para recibir a los peregrinos.

La marea de peregrinos aumentó considerablemente después de la muerte Galgano, y los cistercienses construyeron un gran albergue, un monasterio para albergar a los monjes, y una iglesia gótica, y finalmente una imponente abadía en en el valle del santuario. La abadía alcanzó rápidamente la primacía en el norte de Italia, y sus monjes alcanzaron altos cargos eclesiásticos y civiles en toda la Toscana.

Pero los buenos tiempos terminaron cuando la ausencia abades provoca que poderosas familias nobles italianas despojen los edificios. Uno de los últimos de ellos, Giovanni Andrea Vitelli, vende  la cubierta principal del santuario y la iglesia de la abadía en 1548. El santuario sobrevivio a esta depredación, pero el techo de la abadía de se derrumbó, y nunca más fue restaurado.

A principios de 1700 el Papa declarado la Abadía oficialmente cerrada y convertido el templo en una iglesia parroquial. La gran torre de la abadía, que llego a medir 36 metros de altura, se derrumbó en 1786, y en unos años el sitio se había convertido en una cantera, proporcionando piedra y columnas para los nuevos edificios de la región.

San Galgano Abbey se encuentra en el Val di Merse, a unos 30 km al suroeste de Siena, entre Siena y Massa Marittima (carretera 73, luego la carretera 441 de Siena). La Abadía es uno de los sitios más visitados de la Italia gótica. La abadía está abierto todo el tiempo. Las monjas mantienen lo que queda del santuario y aprecian una pequeña donación.

Como curiosidad podemos decirte que la espada está protegida por una resistente vitrina a prueba de vándalos. ¿La razón? No había día en que curiosos, turistas y amantes del mito artúrico, se acercaran para intentar extraer la famosa espada de San Galgano…